En colaboración con el Instituto Polaco de Cultura.
Los carteles fueron un elemento muy importante dentro de todos los movimientos políticos, revolucionarios y sociales de la Europa del siglo XX. Artísticamente tenían un peso radicalmente diferente al actual. En esta época de crisis, de revisión de la historia, queremos mostrar algo distinto a esa idea parcial del cartel que conservamos y acercarnos a un cartel publicitario diferente, el cinematográfico, bajo las premisas de un cartel tradicional, Polonia guarda en su seno una historia a base de cola en la pared, presentamos una exposición fundamentada en obras cinematográficas contemporáneas.
Un buen cartel artístico debe estar compuesto por numerosos elementos. Su función principal es, sin duda, la publicitaria: atraer la atención y transmitir información. Basado en una idea original y un proyecto interesante, el cartel debe –a través de la imagen, el signo gráfico y un lenguaje sencillo– comunicar instantáneamente un mensaje a los transeúntes, de un modo en el que su contenido genuino pueda ser correctamente interpretado. Por una parte, el cartel debe transmitir el “ambiente” del tema al que está dedicado, y por otra –mediante la belleza, el humor, el color, la gracia u otros elementos– atraer la vista y enfocar la atención del receptor, permitiéndole asimilar plenamente las intenciones del anunciante.
Se trata pues de una profesión exigente, y el papel de la publicidad es extremadamente importante. Contrariamente a los pintores de caballete o grabadores, quienes disfrutan habitualmente de una libertad ilimitada, pudiendo dar rienda suelta a su imaginación, los diseñadores de carteles trabajan dentro de unos límites derivados de la temática y la recepción. Se espera que produzcan obras audaces y originales, de una calidad estética elevada, susceptibles de ser reproducidas mediante la imprenta y que hagan reaccionar vivamente a los transeúntes. Es muy fácil fracasar en el intento, y sólo alcanzan el éxito aquéllos que poseen el don de captar y resolver los problemas con grandes dosis de intuición y comprensión.
Ha transcurrido ya medio siglo desde que se dio a conocer ese fenómeno a escala mundial denominado Escuela Polaca del Cartel. Su fama se debe, por una parte, al trabajo de un equipo de docentes polacos formados en la época anterior a la segunda guerra mundial, y por otra, al de los jóvenes adeptos al arte de cartel, cuya iniciación se produce a mediados de los años cincuenta.
el cartel artístico polaco es distinto del que estamos acostumbrados a ver. Siempre despierta interés, por su aire con frecuencia misterioso y por su capacidad de provocar vivencias estéticas.
Hemos entrado en el siglo XXI con un cartel artístico que, por una parte, se revela como el heredero de las mejores tradiciones forjadas en el siglo anterior, y por otra, apunta a una búsqueda y se muestra abierto al conjunto de las tendencias mundiales del momento.
Estamos asistiendo en la actualidad al implacable avance del arte contemporáneo, que ya no se contenta con el uso de lápiz, pincel, dintel, papel, pintura y escayola, sino que reclama el apoyo de costosos equipos de vídeo, proyectores de imagen, ordenadores y otros aparatos electrónicos, y lo hace a codazos, con insistencia y agresividad, que calificaría incluso de desfachatez. Exige grandes sumas de dinero, fondos para publicidad y directivos hábiles. Se hace acompañar obligatoriamente del escándalo; es como la vida y la política que nos rodean. También el cartel se deja seducir a veces por esta tendencia provocadora, aunque la presencia de este fenómeno en su imagen global es marginal. En los últimos años las artes aplicadas en raras ocasiones van asociadas al ambiente de escándalo que acompaña constantemente a las exposiciones del arte polaco más reciente , si bien podemos estar seguros de que esta imagen amable no facilita la entrada en las salas de exposiciones.
Debido a la actuación de las empresas distribuidoras de cine, asistimos a una situación similar en el área de la publicidad cinematográfica, que también recibe un tratamiento muy comercial. El cartel cinematográfico actual viene a ser un calco realizado a partir de un modelo fotográfico enviado por el productor de la película, habitualmente procedente de Hollywood. Debemos reconocer –con gran pena– que nuestro cartel cinematográfico independiente, la perla más preciada del arte cartelístico polaco en el siglo XX, se ha convertido en una manifestación artística minoritaria, debido a la comercialización reinante en el mercado de cine.
Los patrocinadores exigen cada vez más espacio para sus logotipos, aniquilando con frecuencia la idea artística del creador.
El cartel social o político, que recibía antaño un fuerte apoyo económico por parte del estado, tampoco cuenta ya con este tipo de ayudas. Predomina en dicha modalidad el cartel de autor, de carácter independiente y espontáneo, subvencionado en ocasiones por alguno de los pocos organismos activos en dicha área.
Hoy en día los únicos censores son los contratantes, de modo que su cultura personal determina lo que nos encontramos en los postes o vallas publicitarias. Lamentablemente, este grupo rara vez recurre a la experiencia de creadores con buena formación.
La calle constituye el medio natural del cartel. Una de las características del cartel en tanto que forma artística es su volatilidad: los fijados hoy mañana aparecerán tapados por otros nuevos. Gozan de una vida más larga en la calle aquéllos dotados de mayores fondos, que hoy en día son precisamente los comerciales. En ocasiones su vida se prolonga tanto que llega a producir indiferencia en el receptor, aunque es posible que –de acuerdo con los preceptos comerciales– sea justamente de lo que pretenda. Los carteles relacionados con la cultura y el arte o los carteles sociales son como mariposas, de vida bella y corta. La brevedad de su existencia en la calle se ve posteriormente compensada por una larga permanencia –a modo de mariposas disecadas en expositores de cristal– en galerías, museos, exposiciones, muestras, concursos o colecciones, e incluso como elemento decorativo en interiores particulares
TEXTOS DE
Sebastian Kubica/ Leszek Żebrowski/ Joanna Górska/Jerzy Skakun/ Krzysztof Dydo